Existen una serie de características que definen las organizaciones que mejor se adaptan a los nuevos modelos de negocio existentes, lo que les permitirá sobrevivir y sobreponerse, convirtiéndose en ejemplos a seguir para las empresas del siglo XXI.

En un primer lugar tenemos a la estructura organizativa la cuál es mucho más plana, dónde no existen jerarquias. También se encuentran descentralizadas y apoyada en redes lo que favorece la conjugación de ideas diferentes con el correspondiente enriquecimiento de las organizaciones.
La comunicación asume un papel primordial con sistemas integrados y diseñados para compartir y transferir el conocimiento dentro de la organización.
Un análisis y determinación de objetivos que asuma la ejecución de planes amplios con actitud proactiva donde la planificación englobe el aprendizaje.
El proceso estratégico como parte del proceso de aprendizaje y ésta capacidad de aprendizaje determina las opciones estratégicas estableciendo límites a la toma de decisiones.
Empowement y aprendizaje autodirigido con personas autorizadas para actuar siendo las personas responsables últimos de su desarrollo.
Relacionado con algunos puntos, tenemos la apertura participativa donde exista la libertad para opinar.
Importante papel posee la cultura, que debe ser coherente, consistente, creativa, flexible y orientada hacia resolución de problemas, abierta al cambio, sin conflictos entre subculturas (aculturación), que valora la innovación y la actitud emprendedora.

El reto no es aprender sino aprender rápida y precozmente
. Aunque no debemos confundir este aprendizaje rápido con el aprendizaje apresurado.Es importante poseer memoria organizativa con lo que no sólo se adquiera sino que también se retenga en las organizaciones convirtiéndose en auténticos sistemas de aprendizaje con gran capacidad de absorción.