Existe una máxima que dice que las empresas son las personas que la componen, lo que hace de las mismas entes dinámicos, en constante evolución. Esto obliga a las organizaciones basadas en el conocimiento a enfrentarse a un problema casi recurrente sobre la gestión y actualización de su Know-How.

En el actual entorno corporativo es posible detectar personas con un conocimiento específico, que deberá transferirse al resto de componentes de la organización a través de comunidades de conocimiento y convirtiendo el aprendizaje en algo social.

vector-herramientas-de-diseno_23-2147491309Desde la visión de los Departamentos de Gestión de Personas, la mayoría de los esfuerzos deben centrarse en la implementación de un sistema de gestión eficaz que mejore la calidad de la información, el flujo e intercambio de conocimiento así como la puesta en marcha de indicadores del desempeño que posibiliten la monitorización y mejoren en última instancia la salud organizativa.

No obstante, en muchas ocasiones es difícil medir la productividad  basada en conocimiento y su aportación a los resultados económicos empresariales, concepto que para los fanáticos de la métrica recobra importancia ante la necesidad de exprimir la inteligencia colectiva y de convertir a las personas en los protagonistas de los cambios organizativos.

Otro factor más que debe reconsiderarse en este escenario es el cambio en la      naturaleza   de la comunicación al emerger con profunda trascendencia el conocimiento no formal e informal como vía para evolucionar de forma diferencial, configurando y haciendo posible la creación de una organización de alto rendimiento.

 

Todo esto refuerza la formulación acerca de los historiales de aprendizaje basados en una correcta medición de lo que se ha hecho, lo que permitirá extraer conclusiones adecuadas que faciliten la toma de decisiones para actuaciones futuras.

Es decir, que las empresas implementen y gestionen el conocimiento acumulado aportará información de calidad y para ello el uso de nuevas tecnologías puede resultar una herramienta útil que permita la constante adaptación necesaria. Y es que no podemos olvidar que a pesar de los avances tecnológicos, al fin y al cabo las empresas están compuestas por personas, que son quienes precisamente pueden aportar ese valor diferencial.

Será esa capacidad de innovación y adaptación al nuevo entorno lo que deberá añadirse a las dinámicas organizativas para la consecución de una mejora  continua. Y todo ello permitirá un efectivo desarrollo espoleado por la aportación de cada uno de los empleados.