imagen-cerebro-pensante-vector-material_34-57771Se habla mucho de las nuevas fórmulas de colaboración, las nuevas relaciones en las empresas, el uso de la filosofía 2.0, de los nuevos profesionales… ¿Y qué tienen todas estas fórmulas mágicas en común?  Todas persiguen ayudar a alcanzar una mayor eficiencia organizacional ante el cambio de escenario actual que deben de afrontar las organizaciones. ¿Pero realmente medimos o analizamos su correcta utilización?

Son muchas las empresas que han perdido puestos en la loca carrera para alcanzar la notoriedad deseada en el mercado debido a  las nuevas tendencias de gestión. Pero la finalidad de la empresa no cambia, manteniéndosevigente, no variandoun ápice de su finalidad inicial, no siendo otra que, la de proporcionar valor a sus clientes.

 

Es aquí donde pretendo hablar del aprendizaje como eje vertebrador para conseguir y facilitar los objetivos propuestos en el correspondiente plan estratégico.  Podemos afirmar que todas las empresas se constituyen en base  aun acto de fe, cuyo éxito depende de desglosar la visión en las personas que componen la misma, lo que permitirá dirigir todas las actividades en la orientación estratégica deseada para alcanzarlo.

Si atendemos al lema de la eficiencia de lo inmediato o la fugacidad del consumo que rige la actualidad, el aprendizaje constante permitirá una innovación continua que garantice el cambio hacia el éxito,

Cada contratiempo es una oportunidad para aprender y alcanzar el objetivo al que se quiera llegar.

Llegados a este punto son varias las preguntas que se pueden presentar: ¿Cómo valoro el aprendizaje acumulado? ¿Cómo averiguo el aprendizaje? ¿Realmente he aprendido y he mejorado en mis procesos?  ¿Utilizo las herramientas adecuadas? O crees que es un concepto excesivamente teórico. Algo evidente es, que no podemos llevar el aprendizaje al banco o invertirlo.

Desde luego gracias a los avances tecnológicos podemos favorecer la conversación con el entorno, intentar conocer que quieren los consumidores, tendencias de consumo, test de uso… Es decir,  conocer datos relevantes que ayuden a medir el impacto de nuestras acciones en el mercado mediante indicadores cuantitativos y cualitativos, que nos permitan saber si estamos ejecutando un plan sin sentido, mal planificado, que vendría a rebatir el acto de fe.

Para ello debemos de establecer un circuito de feedback que permita valorar el aprendizaje adquirido, lo que para la metodología Lean Startup es el conocimiento validado.

La validación de dicho aprendizaje debe de ser metódica, para permitir una adecuada  lectura del mismo pero evitando convertir  el proceso de validación en un vía crucis. Por lo que es necesario marcar hitos de aprendizaje que permitan comprobar si las acciones encaminadas se ajustan a los resultados deseados y están dando sus frutos.

Para ello es importante que  los indicadores seleccionados sean accionables, accesibles y auditables. Sometiendo a los mismos a constantes pruebas que permitan su valoración, prestando especial interés y cuidado con aquellos indicadores vanidosos que no aportan información relevante.

En definitiva el análisis constante del aprendizaje permitirá valorar el servicio otorgado al cliente para mejorar en la eficacia de las acciones llevadas a cabo así como pivotar en búsqueda de soluciones más adecuadas que permitan la mejora de la competitividad.